Registrar un sonido: el poder invisible de las marcas sonoras

Cuando pensamos en propiedad intelectual, nuestra mente suele transitar lo visual: logos icónicos, diseños o patentes de productos. Sin embargo, en el vasto mundo de la propiedad industrial, la protección de una marca va mucho más allá del sentido de la vista. A veces, el activo más valioso de una empresa no es un diseño, sino un sonido.

Un jingle pegadizo, una secuencia de notas o incluso un ruido distintivo pueden ser activos legales tan poderosos como el logo de una marca. ¿Quién no asocia el rugido del león a las míticas películas de Metro Goldwyn Mayer? 

Hablamos de las marcas sonoras, en categoría atípica como las marcas olfativas.

El Secreto detrás del "Ta-dum" de Netflix y el Motor de Harley-Davidson

Un sonido, por sí solo, no es una marca. Para serlo, debe haber adquirido un significado secundario que lo conecte directamente con el origen de un producto o servicio. La famosa secuencia de notas del «ta-dum» de Netflix no es solo un sonido que escuchas al iniciar una serie; es la marca sonora registrada que le dice a tu cerebro, en cuestión de segundos, que el contenido que verás a continuación pertenece a esa plataforma.

Lo mismo ocurre con el motor de Harley-Davidson. Aunque es el sonido de una máquina, su inconfundible «rugido» es un activo tan valioso para la marca que han luchado legalmente para protegerlo. El objetivo no es monopolizar el sonido de un motor, sino evitar que otros fabricantes de motocicletas usen un sonido similar para confundir a los consumidores y aprovecharse de la reputación labrada por Harley-Davidson durante décadas.

¿Qué puede convertir un Sonido en una Marca Protegible?

La principal diferencia entre el copyright de una canción y el registro de una marca sonora radica en su propósito:

  • El copyright protege la creación artística de una obra musical.
  • Una marca sonora protege un sonido o una secuencia de notas que sirve para identificar un origen empresarial.

 

Para ser una marca registrada, un sonido debe ser intrínsecamente distintivo, es decir, no debe ser un sonido genérico o funcional. Por ejemplo, el sonido de una alarma en un reloj no puede ser una marca sonora, pues cumple una función práctica. Sin embargo, el jingle de una marca o el sonido de un producto que es único y reconocible sí pueden serlo.

Una Jugada Estratégica Brillante

Proteger un sonido como marca es una decisión estratégica que va más allá del marketing. En un mundo saturado de imágenes, el audio se ha convertido en una forma efectiva de captar la atención. Al registrar un sonido, una empresa se asegura de que su reconocimiento auditivo no pueda ser imitado.

Es un recordatorio para los negocios de hoy: no sólo se centran en lo que se ve, sino también en lo que se oye. Un activo intangible como un sonido o un jingle, una vez registrado, puede convertirse en una herramienta muy valiosa para fortalecer la identidad de tu marca y protegerla de imitadores.

¿Se te ocurre algún otro sonido que, para ti, ya es una marca por derecho propio?

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Juan Casulá

IP LAWYER
ABOGADO DE PROPIEDAD INDUSTRIAL E INTELECTUAL

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